La daga de Fimesh
Nohai miró con disimulo los ojos azules de la pequeña mujer madura, sus rasgos suaves y lo compacto de su corpulencia hacían imposible pensar en un enfrentamiento corporal con ella. Emilia Fimesh fue convicta por un asesinato que no cometió, sin embargo sus muchas otras fechorías impunes le dieron paz en su condena. En efecto, la estancia en la cárcel lo había dejado recelosa pero su carácter era discreto y comprometido. Confiable. La sorpresa no fue mayor que la de escucharla hablar por primera vez para los lugareños: -“Tenga eso” dice lanzando toscamente un bulto delgado de cueros atados. Nohai pone cara de espanto pero cacha a duras penas el paquete con sus delgadas manos deformadas en garras encima del fuego y enseguida se va a a sentar y con la mirada de los aldeanos encima, aclara la garganta y disimula el sobresalto. -“Gracias Doña Emilia”- respondió con la voz hecha hilo mientras abría los gruesos paños que cubrían el brillo de los filos negros de una pesada daga. Emilia s...