Llorar y llorar.
No podía creer lo que le sucedió en esa sofisticada academia de actuación de invitación color verde y muros negros iluminados profesionalmente, y es que su llanto a diferencia de los otros aspirantes a actores, era genuino y nació sin querer al ver que la juecilla se pasó de largo en su primer recorrido ante sus berridos de principiante: “one shot” pensó “one oportunity” y se desmoronó al pensar que todo había sido en vano: la inscripción, el viaje a Europa, dejar a su novia y familia por este sueño.
Una palmadita en sus bíceps calmaron su tristeza y una muchacha indiferente a sus sentimientos le explicaba rápidamente los siguientes pasos: la agenda, los requerimientos... la prisa era porque justo en ese momento debía pasar al frente a sentarse con los demás actores seleccionados para la segunda ronda.
@mikealex_aldana
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