Copos de papel.
La clase había concluido y las alumnas de Soho Nipón habían dejado sus flores de papel sobre las mesas del invernadero, solo Nohai Emeterio se quedó un rato nostálgica viendo moverse los pétalos blancos arrugados que había conformado con sus propias manos en la última hora.
Tenía una lágrima por desbordarse en el ojo izquierdo y sin pensarlo mucho tocó con la yema del pulgar derecho el pétalo de papel higiénico más alto de su obra. A un lado yacían sus instrumentos, su material, sus dibujos y el pegamento blanco que le daría eterna cohesión a las flores del arreglo que usaría en su mesa blanca del comedor.
Pero algo inesperado sucedió: Sin saber el motivo y sin poder hacer nada, el pétalo de papel higiénico que Nohai había mojado y moldeado diligentemente comenzó a desintegrarse por la falta de aglutinante que por una distracción olvidó mezclar. Dejaron de oírse voces en la casa japonesa, Nohai se quedó sola.
Aun inmóvil y con sus ojos redondos de sorprendidos, sintió cómo su lágrima encontró el camino hacia el viejo piso de madera de la Srita. Nipón. Volteó a ver el bote de pegamento, luego sonrió y fueron tres lágrimas y luego impulsivamente lanzó una carcajada empezó a desgarrar toda la planta artificial que pagó el error de carecer de aglutinante con una bella lluvia de copos de papel de baño, lágrimas y risas. Así fue como Nohai despidió a su admirada, amada y respetada Qusy Emeterio, su madre, su maestra, su amiga.
@mikealex_aldana
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