Justificando a Kettel Undécimo

Había algo en esa canción que le llamó la atención, algo en esos acordes de sintetizador, parecía que Nohai Emeterio -estudiante a distancia de la maestría en historia del arte conocía a Kettel Undécimo, compositor tristemente célebre por unos cuantos éxitos y muchos litigios sobre derechos de autor. La niña prodigio de ojos rasgados revisó una y otra vez el vídeo y ahí vio a su ídolo, al que trataba de revalidar con una extensa tesis justificativa de su obra y las injusticias de la comunidad artística de todo El Valle del Niyodú.


Corría el año de 1984 y su admirado compositor resultó estar al frente de ese gran proyecto artístico que promovió el gobierno con cantantes jóvenes y viejos con todos los diferentes estilos y cada quien con su público. Pero esta vez todo cuadraba: la música era fresca, el teclado futurista, las transiciones progresivas, los adorno del bajo ¡se les metió un rockero hasta la cocina!


La pregunta es  ¿como no lo vio antes? Siempre estuvo ahí, desde hace 30 años ese vídeo era una invisible evidencia del éxito del músico más espectacular que había dado el país. 


Ese músico mal logrado que ganó y perdió demandas de plagio no solo en la región sino más allá de las montañas. Ese desconocido que reclamaba la autoría de obras inexplicables con montos inalcanzables, que un día fue a dar a la cárcel en una trampa de sus abogados y la fiscalía. Ese hombre compuso la bella canción que la niña Nohai cantaba todas las tardes a las dos, cuando iniciaba la barra infantil de la Televisora Del Valle.


Entonces no había grabadora en casa, no había pausa ni retroceso, y Nohai era solo una niña sin conocimientos musicales. Pero ahora sentía que en el fondo de su inconsciente sí quedó grabado ese recuerdo que acababa de florecer en las investigaciones históricas que hacía para su tesis reivindicadora de su compositor favorito.


En sus jornadas autodidactas trazó sus propias indagaciones y escuchó muchas veces las pocas grabaciones de su ídolo, desarrolló el oído absoluto y llegó el momento en que su corazón latía igual que el del compositor, y pudo reconocer hábilmente su métrica y su estilo. 


Entonces algo recordó, ¿sería que esa vieja canción se parecía a sus patrones compositivos? ¿será que coincidían fechas, lugares y personas? Simplemente un día busco el vídeo en la red y lloró frente a la pantalla congelada: era verdad, su ídolo estaba borroso sonriendo detrás de esa canción repetida hasta el cansancio por la televisora. 


Pero ¿Por qué no había créditos en la obra para Kettel Undécimo? Nohai tuvo que abrir una nueva línea de investigación en su tesis.


@mikealex_aldana

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

El último correo de Qusy Emeterio.

Brompton Perfil Cuadrado

Los Reflejos.