La mesa de Ismael Pillgrim
En el Campamento Paramilitar Resistente Nohai vio que iban y venían las más distintas formas de vida humana, su convicción de seguir el camino correcto no era tan clara como la aversión que tenia por ese mundo dominado por los artificiales.
Era frecuente que llegaran pandillas enteras de jóvenes muy alegres pero contaminados del consumismo del exterior, algunos como Ismael Pillgrim bebían alcohol y fumaban tabaco como en el siglo pasado, desafiando a todos a matar neuronas y desdeñando groseramente a quienes osaban negarse a “disfrutar” de sus vicios, como Nohai Emeterio a quien no lograba seducir con sus ojos redondos tan negros como su cabello lacio y largo que contrastaban con la piel más blanca de todos los reclutas.
Cierto día la fiesta se había prolongado y los novatos siguieron a Ismael con jolgorio al viejo hangar blanco, Ismael les murmuraba bromas con aliento alcohólico y los novatos se carcajeaban mirando a la oriental que consideraban muy mayor para entender su necesidad de divertirse. Nohai hacía lo imposible por ser natural, neutral, paciente.
Pero a diferencia de su fortaleza infinita, la mesa donde habían jugado Beer-pong la noche anterior si tenía límites y ya se habían alcanzado ese día de tanto recargarse, golpear con puños ebrios e incluso arrojar -literalmente- personas a la mesa llena de vasos de licor, la pobre plancha plástica plegable del dormitorio 12 no pudo soportar el cansancio de la recluta que cargaba con el pesado malestar de la limpieza por turnos que acabó por desarmar en pedazos la base de tubos metálicos demasiado ligeros para cargar borrachos y niñas cansadas.
Nohai lloró su rabia como toda una Emeterio: hacia dentro y en silencio, no hubo una lágrima ni un golpe a la pared, ni hubo rencor ni maldiciones para nadie. Además de que algo llamó su atención:
Enfocando su inteligencia espacial se preguntó como pudo suceder su caída, así que antes de levantarse comenzó un cálculo de física para identificar mediante la comparación de la resistencia de los diferentes materiales qué diablos tenía que decir en su defensa la maltrecha mesa, dejaron de escucharse los gritos etílicos de los novatos de Ismael. La mirada concentrada de Nohai dibujaba en su mente diagramas de cuerpo libre con vectores infinitesimales, recreaba lentamente los movimientos humanos que pudo recibir la mesa de Ismael Pillgrim desde la noche inmediata anterior y sucesivamente hasta su desempaque.
Nohai comenzó a sonreír mientras concluía que había en los marcos metálicos plegadizos una horquilla cuya resistencia era clave para hacer que los ligeros elementos metálicos cumplieran su función de cargar adolescentes flexionándose pero sin debilitar un ápice su necesaria participación del todo. Cuando entendió lo que sucedió con la mesa ya había sentido esa emoción que solo conocen los que tienen un plan,
Rápidamente fue al almacén de la planta baja y comenzó una búsqueda implacable de fierritos invisibles para los otros chicos que sólo sabían mirar lo que servían en la mesa. Trajo en la mano tres piezas distintas de metal, unos tornillos y unas caja de herramientas destartalada que algún mecánico olvidó antes de huir.
Cuando la turba de celebración pasó catando junto a Nohai ella observaba atenta y disimuladamente cómo Ismael Pillgrim dirigía un himno vikingo de pie sobre la mesa que duraría muchas generaciones más gracias a las manos inteligentes de Nohai Emeterio, la chica de la limpieza.
@mikealex_aldana
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