Las Risitas

La de intendencia nos impidió el paso a Ema y a mi, su rostro chupado y adusto enmarcado por la abundante melena china contrastaba con lo menudo de su delgado cuerpo. Tuvimos que tomar el panorámico y volvimos a cruzar ese lobby mal amueblado con sillas todas diferentes pero igual de estorbosas. Resulta que también lo estaban aspirando las comillas de cigarro de los anteriores turistas, pero en este caso las afanadoras eran amables y solo se replegaron.

Nos encontramos a los otros becarios con sus risas provincianas en la gran ciudad y el nerviosismo natural por ascender los 84 pisos de ese histórico edificio.

Fue el primer rascacielos de la ciudad, construido en 1934 sorprendió a todo el mundo por estar al lado del escarpado del poniente y dominando todo El Valle del Niyodu. El visionario arquitecto U. T. Desmond decidió hacer un mirador móvil de más de 300 metros de altura que ascendía dos metros por segundo. La vejez de los altos muros del edificio Art Decó contrastaba con el alarde tecnológico del elevador panorámico.

Al ver que nadie se movía las mucamas me indicaron con gestos que debía colocar mi llave del hotel en el tablero digital, al introducirla comenzó el ascenso al principio lento y luego hiper rapido, reíamos nerviosamente con los órganos en la garganta mientras veíamos descender el horizonte. Miedo es lo que todos sentían, ni siquiera sacaron su teléfono para fotografiarse.

Para colmo se detiene en el piso 71 ¿quien podría querer subir en ese piso? Total que te iniciamos ascenso y una de las becarias dejó la risita nerviosa para mostrar la sorpresa natural del turista viendo la gran ciudad desde el aire.

Mike

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