Cuarto de Control
Con el lápiz óptico oprimiendo la mejilla mientras veía los monitores, el anciano especialista Wong Wembley se preguntaba dónde pudo ir ahora Nohai Emeterio, hacía tiempo que la seguía diariamente desde la sala principal del Cuarto de Control de Ciudad Capital y la lideresa moral resistente hacía muy fácil su ubicación debido a su gran capacidad para hacer un escándalo en cualquier ciudad del mundo.
En efecto, el Movimiento Natural ya no era clandestino sino que se replicaba popularmente ganando cada vez más adeptos entre los jóvenes decepcionados del especialismo, hartos de la manipulación y la esclavitud que llevaba décadas de opresión absoluta.
El presidente Wembley ya había vaticinado ese final debido al colapso financiero por las deudas públicas imparables, alguien debía pagar las crecientes obras de infraestructura anti natural con que todos los gobiernos especialistas protegían y mimaban a la gran masa de habitantes amantes de ese estilo de vida cómodo y la arrogante posición que hermanaba a todos los futuristas de la época. El mismo lugar desde donde gobernaba mostraba la frialdad con su tecnología y la infranqueable distancia con la realidad con las nubes en derredor.
Hacia años que los discursos se habían suavizado, Wembley mismo odiaba haber inspirado a los primeros especialistas a raparse como él lo hacía, a vestir esa ropa deportiva tan aburrida. En aras de la estandarización se congeló la moda y el arte, la tecnología y la innovación, los liberales se hicieron conservadores y los disidentes, bueno, a su modo buscaban salvar al mundo de ese futuro. En las ciudades los especialistas pelearían a muerte para evitar la revolución, pero era necesario un cambio radical de ideología.
Es por eso que el maduro oriental buscaba a los líderes del Movimiento, para entregarles las llaves del centro de mando de Ciudad Capital, a ese nivel de confusión y cansancio había llegado. Con esas contraseñas cualquiera que estuviera sentado en su silla podría intentar parar esa gigantesca bola de nieve que se avecinaba sobre la civilización. Los pocos especialistas que operaban el centro de control cívico veían al anciano oriental deambular con ropas estrafalarias, su pelo y su barba habían crecido, murmuraban preocupados mientras seguían haciendo su trabajo habitual pero se preguntaban qué es lo siguiente que diría o haría.
Wong Wembley no podía más, se había quedado solo cuando sus socios de la Red Cívica de Naciones desmembraron el gobierno de gobiernos con un único acuerdo libertario en el que firmaban la independencia de las regiones. Ese evento fue el detonador de la gira de Nohai y Volker, los recibían como diplomáticos, los vitoreaban como a las celebridades, su hermoso rostro mestizo no ocultaba sus rasgos orientales y su sonrisa hacía más rasgados sus ojos. La joven era feliz y plena e incluso Wong se sentía satisfecho por su éxito, se consideraba parte de él ¡y lo era! De manera velada el gobierno de Ciudad Capital había ayudado al movimiento frenando acciones legales y distrayendo a la policía especialista para evitar que intervinieran sus células, en más de una ocasión sobornó y corrompió a personas de alto nivel de la Red para que evitar enfrentamientos contra la creciente resistencia. Todo eso redimía las acciones del Wong pasado y exculpaban incluso al especialismo de toda su maldad, él lo sabía pero la duda que le atormentaba era otra.
¿Sabría la lider absoluta del movimiento natural que sus padres Qusy y Enrico destruyeron los registros del nombre de Nohai Wembley Emeterio?
@mikealex_aldana

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