El cerrojo
En esa antigua propiedad las construcciones estaban envejecidas y deterioradas, sin embargo había rastros de civilizaciones modernas, como el cerrojo de esa puerta que con precisión milimétrica poseía un código indescifrable para un neófito como Volker, pero no para una granuja como Nohai, quien había recibido capacitación en materia de cerrajería callejera y no precisamente de su madre Qusy, sino que esa habilidad formaba parte de las dotes con que su intelecto femenino había complementado su necesidad de supervivencia.
La primera idea que le vino fue pellizcar dos aletas en el cerrojo aunque decidió ser cauta, así que observó de rodillas los elementos del picaporte, una vez más dibujó en su mente las piezas separadas de la chapa desconocida que era, a pesar de su apariencia herrumbrosa, una versión futurista del cerrojo tradicional: tenía no solo el pestillo tubular tradicional sino ese par de aletas móviles que había visto a priori, pero que ahora se entendían conectadas a un delicado eje alámbrico guía.
El pulgar y el índice de Nohai Emeterio activaron el sistema, se escuchó una diminuta válvula liberadora, un fuerte tronido con un sorpresivo desfase dimensional y la disfrazada verja cedió el paso a los exploradores.
La adolescente lider de los Naturales constató que la intuición seguía estando a su servicio y recordó en voz inaudible la enseñanza de su madre “La única ley que está por encima de la causa-efecto es la de la parsimonia”
@mikealex_aldana

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