El sol.


El sol del ocaso tintineaba en una constelación iridiscente de peligrosos diamantes esparcidos por el negro asfalto. Después de un aparatoso accidente en la Vía Periférica de Cd. Capital que no cobró pérdidas humanas, el calvo y esmirriado Emir Múzquiz -especialista en construcción- salió ileso y por su propio pie. Aunque era un destacado miembro del comité coordinador de una de las mesas de vinculación especialistas, al valorarlo los autómatas sin lesiones y sin daños colaterales simplemente fue contado como un transeúnte más, un peatón de los que resultaba invisible para todos los paseantes de las vías rápidas de la ciudad. 


Más tardó Múzquiz en salir del auto que los servicios de seguridad en llegar:

Autos con equipo de rescate comandados centralmente en coordinación con los servicios médicos, legales y financieros. 


Era tan poco común ver un exceso de velocidad, tan imposible un choque, tan inverosímil el desorden que los servicios municipales actuaron en cuestión de minutos ante la mirada del conductor que fue deliberadamente víctima y victimario de ese experimento.


En efecto, el Emir que volcó temerariamente el auto a la infantil velocidad de 50 km/h pasó por unos duros momentos íntimos de tensión previos al accidente. 


El descubrimiento de la verdadera identidad del presidente Wembley derrumbó el mundo a su alrededor... una cosa sucedió a otra y la confusión devino en un evento de psicosis y el único accidente del año en Capital, del que ahora quedaba un hombre perplejo, de pie, en la banqueta, como un testigo sordo, ciego y mudo de un delito impune. Como todo lo que pasaba cada día en esa sociedad robotizada que prometía ser “el primer sistema especializado en el bienestar”.


Fue tal la sorpresa del anónimo influyente, que le hizo contemplar el tráfico sincronizado por una larga hora ahí sentado en la banqueta.

Emir ya había decidido esa misma mañana que dejaba el especialismo, esa doctrina-campaña perenne que mantenía todo el sistema urbano caminando, el aburrido sistema de movilidad de autodirigidos lo llevo a decidir hace tiempo que debía dejar Ciudad Capital, la soledad de esa falsa vida moderna lo hizo recuperar el rumbo de su humanidad.


La naturalidad recuperada del maduro medio oriental transformó una dramática tarde solitaria en el inicio de su periplo heroico. Volvió en su al ver el sol del ocaso que estaba por terminar y decidió caminar los 5 Km hasta la torre de apartamentos donde tenía una reunión ni más ni menos que con el intocable presidente Wong Wesley, a partir de esa noche la amistad profunda de los dos líderes se convertiría en la dupla clandestina más importante del fin de esa época llamada el Conflicto Humano.


@mikealex_aldana

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