La leyenda I - La Hoguera
La noche anterior al viaje hubo una reunión alrededor de una hoguera, a la usanza de los antiguos, y las chicas, incluso Nohai Emeterio querían saber de Qusy, de cómo nació el movimiento, llenar los huecos de las historias que se habían esparcido de boca en boca. Había leyendas heroicas sobre personas y lugares míticos que ahora daba orgullo mencionar. Nohai comenzó la velada con sus propios recuerdos:
- “¿recuerdas cuando escapamos de los especialistas?”, - Qusy asintió y comenzó a contar la versión oficial de una historia que ya era una leyenda:
- “En tiempos digitales yo era líder ciudadana del barrio La Quimera, era muy conocida por ser aguerrida contra los actos corruptos del gobierno, apoyé con todo mi esfuerzo la llegada al poder del movimiento especialista, que en esa época representaban la única opción real para salvar no solo la ciudad de su propia destrucción sino que parecía que a través de la llamada red civilizada de naciones también podía haber un gran consenso global sobre la protección del planeta, que como todos ustedes saben, era y sigue siendo una preocupación absolutamente justificada.” Todas sabían esa parte de la historia y sin embargo Qusy hablaba fuerte y claro, como si presidiera uno de sus mítines del movimiento natural.
- “Llegamos justo a tiempo a esa cita importante donde todos debíamos obtener nuestro registro de donadores de residuos ¡ja! ¿recuerdan? Todo un engaño, la propaganda gubernamental decía que era para salvar ballenas”
La pequeña Bass acomodó el maxilar entre sus pequeños puños, aprendía del mundo feliz que le relataban. Debido a su corta edad solo podía suponer la importancia de esos hechos.
- “...Íbamos todos con una gran ilusión en las bicicletas que eran nuestro transporte habitual, se escuchaban motores y bocinas de autos pero no en la avenida Edmonton sino en la principal que era Av. de los Representantes, era temprano y apenas había sol, el día era fresco y no había mucha gente.” Todas la miraban interesadas mientras cachaban las palomitas de maíz que botaban del fuego.
- “...estacionamos las bicis afuera de Enix 252, el edificio de las oficinas especialistas era súper moderno, Claro que en aquella época todo estaba limpio y nuevo. La invitación decía:
PISO 7 POR FAVOR USE EL ASCENSOR.
- “Éramos varios y como no cupimos todos en la reducida cabina, tuvimos que dejar subir a algunos, solo nos quedamos Nohai, su prima Giselle y yo.”- el fuego crecía y hacia muchos pequeños tronidos.
- “Esperamos escuchando una musiquita digital muy agradable que era interrumpida cada que llegaba el ascensor y sonaba su campanita melodiosa. Ahora ya no hay ascensores porque ya no hay edificios en las ciudades abandonadas” - Los detalles de la historia hacían distintas imágenes en la mente de cada chica, todas llevaban años errantes y recordaban vagamente el distante mundo digital, esta familia que recién formaron añadía cada vez más nómadas que se protegían mutuamente en una coraza de lealtad: la confianza en el futuro, la gran bandera del movimiento natural.
- “El elevador sorprendía por su alta tecnología: era blanco por dentro, como hecho de una sola pieza y tan iluminado que deslumbraba, solo tenía un botón gris que la pequeña Nohai oprimió.” - Peeta señaló con un improvisado atizador de vara a su bella hija, quien por cierto interrumpió con una carcajada salpicada de café:
- “¿Recuerdas que la puerta del ascensor casi le prensa la cabeza a Giselle? Se asomó cuando oyó a otras personas.” - Peeta sonrió y cambió el tono de voz a nostálgico.
- “Ahora que lo mencionas, las risas del elevador por ese accidente de Giselle fueron las últimas en mucho tiempo porque ese fue el último día de paz que tuvimos, ¡claro que era una paz falsa, basada en la mentira de la codicia especialista!”
Mirando a los ojos de su pequeño público comenzó la parte intensa del relato:
- “¡Todos saben qué hacían exactamente cuando todo cambió! Nosotras antes de llegar al piso siete aún éramos ciudadanas oficiales, podíamos salir a la calle sin miedo, participábamos en los comités vecinales, ejercíamos lo que creíamos que era democracia y nos sentíamos seguras pero algo se estaba gestando muy arriba en la cúpula del poder mundial, jamás nos imaginamos que el conflicto ya había comenzado años atrás y ese día elegido al azar se declaró la guerra del gran conflicto humano”.
Nohai recordaba vagamente algunos detalles y de repente asentía con la cabeza despeinada Su pelo largo y lacio se asimilaba a las de las orientales. Estaba francamente feliz de estar con su madre y a la vez rabiosa de los abusos del poder especialista, ahora más que nunca cobraba importancia ese pequeño relato.
- “Se abrieron las puertas y pudimos ver ese lugar blanco súper iluminado (ahora todos saben que esa luz deslumbrante es como alimento para los especialistas) pero para entonces no significaba ningún peligro y simplemente nos llamó la atención por lo claro que se veía todo.” Peeta mientras abría más los ojos y hacía ademanes con las manos frente a la hoguera.
- “...Cruzamos ese enorme vestíbulo y vimos dos pasillos, el que estaba al frente era largo, venía un hombre calvo vestido con un entallado traje gris y por el pasillo de la izquierda se escuchaban cerca unas voces suaves y pausadas, les dije a las niñas que avanzaran y las voces nos dirigían en un laberinto blanco. ¡Al llegar a la reunión escuchamos otras voces que nos aterraron.”

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