Notas personales vespertinas.


Después de terminar de dictar en voz baja la normativa de acciones de revinculación social, Wong Wembley dirigió el iris al botón “Enviar” para publicarlo al primer círculo de especialistas y considerar terminada su jornada. Gradualmente se acostumbró en dos décadas de rutina a dejar las actividades “humanas” para ese momento especial en que el sol se ponía a través de esos inmensos ventanales del Cuarto de Control del Gobierno Especialista de Ciudad Capital. 


Cuando el especialismo logró dominar monetariamente al crimen organizado y la sociedad comenzó a prosperar, el presidente empezó a dedicar más tiempo a la contemplación, con el desarrollo de las interfases integradas el trabajo era mucho más sencillo aunque mucho más aburrido porque cada día era menos necesario usar las manos, los dispositivos electrónicos, las computadoras eran cosa del pasado y la gente cada vez resultó menos necesaria. El cuarto de control, ese futurista mirador de la ciudad más importante de la Red Cívica de Naciones no era la excepción: al atender únicamente su demarcación como un sistema autónomo, consumían recursos sin límite y desechaban detritus al exterior y todo parecía indicar que habían alcanzado la antigua normativa del “no gobierno”. Esos pensamientos dictaba el solitario Wembley a su interfaz integrada en sus notas personales vespertinas.


Antes de irse pasó al baño donde diariamente se afeitaba la cabeza que en otro tiempo luciera esa larga cabellera negra lacia de los orientales, su reflejo tomó su pastilla de nutrientes mientras él subía el cierre del mono deportivo oficial y salió del piso 84 para mezclarse con esa sociedad especialista que ya planeaba sacudir.


@mikealex_aldana

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