La única forma de revivir
Qusy subió las escaleras de esa vieja fábrica lentamente y tomada del barandal, estaba cansada y decidió apartarse porque quería estar sola
Nohai estaba feliz de ver a su madre, tanto que no cayó en cuenta que actuaba extrañamente y tuvo que ser Volker quien hablara de ello. La chica se llevó la delgada mano a la boca sorprendida por la idea de que la anciana en pijama de franela que había cuidado toda la noche no fuera realmente su madre que volvió a la vida.
“No hueles como Qusy” le tuvo que decir a una somnolienta viejecita que no parecía entender la gravedad del asunto. Brillantes lágrimas temblaban en los ojos rasgados de la dolida chica.
Era tan real lo que sentía que no se preguntó cómo sucedió, ella solo asumió que era cierto
Tuvo que preguntarle frontalmente “¿que recuerdas del laboratorio?”
La anciana tenía esa cara de preocupación tan característica de ella, miraba al vacío con el ceño fruncido tratando de pensar una respuesta, no cabía duda que era ella, con las comisuras labiales cansadas de tanto sonreír, las incontables pero diminutas pecas de su cuello, su piel clara llena de arrugas brillaba reflejando la estela lunar ¿y qué decir de su cabello? su cabello despeinado tenía ese raro color naranjoso que la hacía notarse no solo en las multitudes de Womme sino en todo Vecet. Imposible de suplantar, la maestra Qusy Emeterio era única e irreemplazable.
Los ojos rojos sin embargo delataban su estado de salud que de no ser por detalles, parecería perfecto
“Tendremos que decirles a todos que volviste, ¿como te van a pagar?” Nohai se sorprendió de lo burda de su pregunta
-“Me puedo quedar con todo lo grandote” respondió infantil la señora, refiriéndose quizás a algunos encargos que dejó pendientes antes de morir.
Nohai se dio cuenta de otro detalle, siendo Qusy una persona con TOC diagnosticado, era perfectamente capaz de cuidar una mascota con horarios precisos al segundo pero enloquecía cuando su perro Lebbeus se paraba de manos a husmearla.
Pero esta vez a Qusy no le molestaba que el perro la besara, poco a poco detalles como este desnudaron la inquietante verdad.
Otro detalle preocupante era que la exigente maestra de artes durmió enroscada en un pequeño sillón cuando ella amaba la comodidad de su cama.
Era medianoche y la pareja sumaba detalles de realidad cuando sin avisar nada, su madre se acostó en el suelo de lado y no parecía incomodarle nada.
Nohai Emeterio derramó una lágrima en la mano que cubría su hiperventilación. Volteó a ver a su amado Volker y sintió que el mundo giraba y se escurría en una vorágine mortal.
Suspiro profundamente mientras soltaba las manos aprisionadas de incomodidad bajo sus mejillas. “Vaya que mis sueños son reales”
Tal vez los relatos que tuvo con Volker la noche anterior, tal vez La Paz de dormir en casa a punto de mudarse, o solo la pijama de franela que traía puesta que aún olía a su madre lo que hizo que soñara que ella volvería inexplicablemente de la otra vida.
210110

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